Cuarenta y Ocho Equipos Entran en un Mundial
The vote was cast on January 10, 2017, at FIFA headquarters in Zurich. The FIFA Council — the thirty-seven-member body that had replaced the disgraced Executive
Publicado: June 6, 2026

# El Día en que 48 Equipos Entraron al Mundial, Hice los Cálculos y Tiré la Calculadora
11 de junio de 2026. Día de inauguración del Mundial. Estoy sentado en un bar de Toronto, y en la televisión pasan el programa previo al partido. Detrás del presentador hay un enorme cuadro de enfrentamientos: 12 grupos, 4 equipos por grupo, banderas de todos los países apretadas como notas adhesivas cubriendo toda la pared. A mi lado está sentado un señor de unos setenta años, con gafas para leer, un bolígrafo y una hoja arrancada de un cuaderno. Lleva unos quince minutos escribiendo en esa hoja.
—¿Qué estás escribiendo? —le pregunto.
—Estoy tratando de entender la regla de clasificación del tercer lugar de grupo —dice, sin levantar la cabeza.
—¿Eres periodista?
—No. Soy contador jubilado. Pasé toda mi vida calculando números. Y esto no lo puedo calcular.
Deja el bolígrafo y desliza la hoja hacia mí. En el papel hay una tabla densa y detallada: 12 grupos, el tercer lugar de cada uno, comparación de puntos, comparación de diferencia de goles, comparación de goles a favor, comparación de puntos de juego limpio, y si todo está empatado—sorteo. En la esquina inferior derecha del papel escribió una palabra: "FIFA". Al lado, un signo de interrogación.
—¿Sabes? —dice, quitándose las gafas para limpiarlas—. La primera vez que vi un Mundial fue en 1974, con solo 16 equipos. Podías contar a todos los equipos fuertes con los dedos de una mano. Brasil, Alemania, Italia, Países Bajos, Argentina. Nada más. Metías esos cinco equipos en tu cabeza y el torneo estaba casi resuelto. En 1982, 24 equipos. Compré un libro para anotar—un manual del Mundial, como de doscientas páginas. En 1998, 32 equipos. Empecé a usar Excel. En 2026—señala el papel—tuve que usar mi título de contador jubilado. Y aún así no alcanza.
Toma un sorbo de cerveza, mira la pared llena de banderas en la televisión y se queda en silencio un momento.
—¿Sabes quién tiene la culpa de esto?
—¿FIFA?
—No. Es Sepp Blatter. En 1998, cuando fue elegido presidente de la FIFA, anunció que el Mundial pasaría de 24 a 32 equipos. En ese momento, todo el mundo lo criticaba. Los periódicos ingleses decían: "32 equipos arruinarán la calidad del Mundial". Los entrenadores alemanes decían: "Hay demasiados equipos débiles, la fase de grupos se convertirá en tiempo perdido". Un periodista italiano escribió un artículo de página completa con el título: "El Mundial se está convirtiendo en una herramienta política". Hace girar el vaso de cerveza. Veinticuatro años después, nadie recuerda esas críticas. Solo recuerdan a Zidane, Ronaldo, Šuker, Bergkamp en el Mundial de 1998. 32 equipos se volvió "normal".
Toma otro sorbo. —Y ahora llegan 48 equipos. Todo el mundo critica lo mismo—que bajará el nivel, que la fase de grupos se volverá aburrida, que hay demasiados países que no conocemos. Y luego, dentro de veinte años—nadie recordará esas críticas. Solo recordarán a esos países que entraron al Mundial por primera vez. A esos niños que vieron su bandera en la televisión por primera vez. A esos jugadores que lloraron por primera vez cuando sonó su himno nacional. Deja el vaso sobre la mesa. Eso es lo que el fútbol sabe hacer mejor—convertir lo anormal en normal, y luego hacerte olvidar que alguna vez fue anormal.
## De 16 a 48: Un Viaje que No Recuerdas pero que Siempre ha Estado Ocurriendo
La historia de la expansión del Mundial, si la dibujas como una curva, en realidad no es una curva. Es una escalera. Cada doce años, sube un escalón.
1930 a 1978: 16 equipos. Casi cincuenta años, el tamaño del Mundial no cambió. En esa época, había tan pocos equipos participantes que podías memorizar la alineación titular de cada equipo una semana antes del inicio. Si creciste viendo el Mundial en los años 70, tu memoria del Mundial era una lista familiar muy corta—Brasil, Alemania, Italia, Argentina, Países Bajos, Inglaterra. De vez en cuando, un nombre nuevo se colaba, y eso era un gran evento—cuando Camerún participó por primera vez en 1982, los periodistas deportivos de todo el mundo estaban buscando en el mapa: "¿Dónde está Camerún?"
1982: De 16 a 24 equipos. Ocho plazas más. Ese año, viste por primera vez a Argelia en el Mundial. Viste a Honduras. Viste a Nueva Zelanda. Muchos decían que 24 equipos eran demasiados—el formato de la segunda ronda de grupos era complicado, con tres equipos jugando un mini round-robin. Pero ¿adivina qué? La gente se acostumbró. 1986, 1990, 1994—24 equipos se convirtió en la nueva normalidad.
1998: De 24 a 32 equipos. Ocho plazas más. Ese año, viste por primera vez a Jamaica en el Mundial. Viste a Sudáfrica. Viste a Japón y Corea del Sur participando juntos. La fase de grupos se alargó de dos semanas a tres. Te quejaste de nuevo de que el calendario era demasiado largo—y luego te acostumbraste de nuevo. 2002, 2006, 2010, 2014, 2018, 2022—32 equipos se convirtió en lo que considerabas "normal". Tanto que cuando la FIFA anunció 48 equipos, tu primera reacción fue: "¿Demasiados, no?"—exactamente la misma frase que dijo tu padre en 1982, y tu abuelo en 1998.
2026: De 32 a 48 equipos. Dieciséis plazas más. No ocho. Dieciséis. Este salto es más grande que cualquier otro antes. Las dieciséis plazas adicionales se distribuyen así: África pasa de 5 a 9—casi el doble. Asia pasa de 4.5 a 8.5—también casi el doble. Europa pasa de 13 a 16. Norteamérica, Centroamérica y el Caribe pasan de 3.5 a 6 (incluyendo tres anfitriones que clasifican automáticamente). Sudamérica pasa de 4.5 a 6. Oceanía pasa de 0.5 a 1—ese 0.5, para Oceanía, era una maldición, porque significaba que el campeón de Oceanía tenía que jugar un repechaje contra un equipo de Sudamérica o Asia, y normalmente perdía. Ahora Oceanía finalmente tiene una plaza "real". Nueva Zelanda—o Fiyi—o cualquier pequeña nación isleña rodeada por el Pacífico Sur—puede soñar con entrar al Mundial sin tener que ser aplastada en el último momento por la cruel realidad de un quinto lugar sudamericano.
¿Sabes lo que esto significa? Significa que un niño de Fiyi que crece en Suva—que quizás nunca ha visto un partido del Mundial en vivo por televisión, porque por la diferencia horaria el Mundial siempre se juega mientras él duerme—ahora puede soñar con que algún día su país aparezca en esa pared llena de banderas. No es "si ocurre un milagro". Es "si jugamos lo suficientemente bien, la plaza está ahí". La diferencia entre esas dos cosas, para ese niño, es toda su vida.
## 48 Equipos No es un Número. Es un Mapa del Mundo Redibujado.
El Mundial solía ser una fiesta de unos pocos. Europa y Sudamérica se llevaban la gran mayoría de las plazas. África—54 países—solo tenía 5 plazas. Asia—47 países—solo tenía 4.5. Esto significaba que en África, podías ser uno de los países más habilidosos de todo el continente, y aún así no entrar al Mundial—porque no había suficientes plazas. No es que no fueras lo suficientemente bueno. Es que la puerta de este mundo, para tu país, no estaba lo suficientemente abierta.
48 equipos no cambia el número. Cambia el ancho de esa puerta. Las dieciséis plazas adicionales, en su mayoría, van a África y Asia. La población combinada de estos dos continentes representa la gran mayoría del mundo—pero en los Mundiales pasados, sus plazas de participación sumaban apenas un tercio. La expansión hace que esta proporción sea un poco más razonable. No completamente razonable. Pero al menos—mejor que antes.
## Epílogo
El contador jubilado a mi lado—se llama George—dobla su hoja y la guarda en el bolsillo. Toma su cerveza y da un gran sorbo.
—Me rindo —dice.
—¿Rendirte en qué?
—En calcular quién va a clasificar. Señala la pantalla del televisor. Esperaré a que terminen los partidos para ver los resultados. Al final, siempre hay algunas sorpresas—esos países de los que nunca has oído hablar, esos niños que vienen por primera vez, no están de visita. Están aquí para decirte—la puerta ya se abrió. Hemos entrado. Se levanta, toma su cerveza y camina hacia la puerta del bar. Luego se da la vuelta.
—¿Sabes cuál es la mejor parte? Ahora, hay más niños en todo el mundo—en Acra, en Phnom Penh, en Suva, en Taskent—mirando la misma pared llena de banderas, y señalando una de ellas—la suya—diciendo: "Mira. Ese somos nosotros."
Empuja la puerta y sale a la luz del sol de junio.
—Así que al carajo los cálculos. 48 equipos está bien. Cuantos más, mejor. Que entre todo el mundo.
La puerta se cierra detrás de él. El cuadro de enfrentamientos en la televisión parpadea. Miro la pared llena de banderas—doce grupos, cuarenta y ocho banderas—y luego guardo el cuaderno que George dejó en la mesa. En su hoja, debajo del signo de interrogación junto a "FIFA", había añadido otra frase. La letra era ilegible, pero pude reconocer lo que escribió—
"Welcome to the party."

